El eterno presentismo y el olvido de las lecciones de la vejez reflexiva The eternal presentism and the forgetting of the lessons of the reflexive old age

Leonor Vázquez-González 
et Jorge Mario Rodríguez 

https://doi.org/10.25965/trahs.3760

La aceleración y dispersión temporal de la época presente, producto de la continua disrupción tecnológica, ha distorsionado nuestra percepción de los ciclos y ritmos permanentes de la vida humana. Esta alteración afecta negativamente las visiones culturales con que el ser humano trata de hacer sentido de su existencia. Esta transformación multimensional, llega a expresarse en un desdén por la vejez, e incluso en un intento de eclipsar la muerte, las cuales siempre habían sido consideradas como etapas ineludibles de cualquier ciclo vital. Los adelantos de la biotecnología quieren hacer de la vejez una etapa de la vida que se puede demorar de manera indefinida. En este contexto, el presentismo se manifiesta en la sensación de estar comenzando de nuevo: el envejecimiento, en consecuencia, pierde su sentido en la vida humana y se convierte en un estadio a ser extirpado. De esta forma, se disipa la capacidad de construir un sentido para la existencia personal en el Universo puesto que es en la vejez reflexiva en dónde se deposita una buena parte de la experiencia vital para la humanidad. Este problema lleva la pérdida de la memoria y el sentido, perspectivas invaluables para enriquecer la reflexión que evita la barbarie humana. Para evitar esta situación es necesario luchar por el control colectivo de los gigantes tecnológicos y construir un Estado que privilegie la inclusividad y el bien común.

The present acceleration and dispersion of time, triggered by the continuous technological disruption, has distorted the everlasting rhythms and cycles of human life that constitute the substance of the cultural views through which humanity makes sense of itself. This multidimensional phenomenon expresses itself through a negative attitude towards old age that until now had been considered an unavoidable period of any life cycle. The advances of biotechnology aim at making of old age an indefinitely delayed period of human life and death an event that can be definitely extirpated. Thus, presentism becomes an attitude that expresses as an ever-present sensation of beginning anew; old sense, then, loses its sense in human life and becomes a vital phase to be extirpated. Hence, it becomes unnecessary to build a sense for personal and collective presence in the Universe, since reflective old age is a place of sedimentation of humanity’s vital experiences. This situation expresses itself in several ways, mainly in the loss of memory and sense, invaluable perspectives useful to reflect upon human life in order to avoid the return of barbarism. To avoid this situation is necessary to struggle for the collective control of Big Tech through a State that implements, accordingly, a truly inclusive conception of the common good.

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La aceleración del tiempo en la era tecnológica

La vejez ha sido un estado sujeto a disímiles valoraciones. No pocos se han quejado de sus inconveniencias, mientras que filósofos como Cicerón y Plutarco han valorado ciertas posibilidades que se asocian a este estadio. Plutarco derivaba su visión positiva de ella debido al lento proceso a través del que se adquieren las “bellezas del alma”, las cuales pueden cumplir una función no despreciable para la sociedad (Scarre, 2016: 3). Algunos recordarán el famoso dictum de G. F. Hegel según el cual el búho no emprende su vuelo, sino hasta el crepúsculo.

Note de bas de page 1 :

Gumbrech, H. U. (2020). El espíritu del mundo en Silicon Valley. Traducción de Silvia Yusta Fernández. Barcelona: Deusto.

En la época actual, parece que la apreciación y hasta la misma realidad de la vejez han cambiado. Se vive en la época de la disrupción tecnológica, lo cual supone que el centro del mundo se ha movido hacia la ciudad y quizás la figura ideológica de Silicon Valley1. Esta inyecta un nuevo sentido de vida - disfuncional respecto a la realidad vital - incorporado a las continuas invenciones que esculpen las formas de sobrellevar la vida moderna. Recordando la famosa intuición que Hegel tuvo de Napoleón cuando lo vio en Jena, montado en su caballo, como una encarnación concreta del espíritu del mundo, dice Hans Ulrich Gumbrecht que “si Hegel estuviera vivo el día de hoy y se cuestionara en donde está el espíritu del mundo, lo ubicaría al norte de San José y al sur de San Francisco, en Silicon Valley, el centro de la industria tecnológica” (2020: 19).

Pero es difícil dejar de preguntarse si ese espíritu del mundo realmente encarna una concreción de la racionalidad, al menos si se piensa que esta oblitera el ilimitado ejercicio del poder. La disrupción tecnológica y su supuesta proyección sin término han distorsionado el sentido del tiempo y, en las secuelas de este proceso, la humanidad encuentra dificultades para reconocerse a sí misma. La humanidad o parte de ella se encarrila en un proyecto que olvida tanto el pasado como el futuro, incapaz de imaginarlo; los cuales afectan la memoria y la esperanza. La trabajosa tarea de responder a las preguntas fundamentales de la existencia, ese esfuerzo interpretativo que le da sentido a la existencia, se queda sin tiempo.

El ejercicio de la desnuda voluntad de poder que permite la tecnología no reconoce ningún límite. Insiste, por ejemplo, en crear un mundo siliconizado que manipula el mundo natural dentro del cual nos constituimos como seres vivientes. En una mirada sobria parece que la tecnología no podrá retrasar problemas como el calentamiento global, la sexta extinción y, en general, los escenarios distópicos que resumimos en el término “Antropoceno”. En este mismo momento, no se pueden encontrar las claves para salir de una pandemia, la cual es posible - aunque no quizás verosímil - que haya salido accidentalmente de un laboratorio. La mera verosimilitud de la creencia muestra por sí misma los avances preocupantes de la biotecnología

Note de bas de page 2 :

Virilio, P. (2012). The Great Accelerator. Traducción al inglés de Julio Rose. Cambridge: Polity.

Note de bas de page 3 :

Rosa, H. (2020). Lo indisponible. Traducción de Alexis Gros. Barcelona: Herder.

Existen varias maneras de entender la pérdida del mundo que supone la experiencia incapaz de sedimentarse a través del tiempo. Paul Virilio2, el teórico de la aceleración, decía “que vivir cada instante como si fuese el último, es la paradoja del futurismo, de un futurismo del instante que no tiene futuro” (2012: 1). Esa ilusión deviene del ilusionismo tecnológico, la cual se toma (y a veces con razón) como un camino ya trazado. En ese sentido, si se usan los términos de Harmut Rosa3 se comprueba que el deseo tecnológico anhela disponer hasta la misma subjetividad. Rosa muestra que la verdadera experiencia solo puede acontecer como lo inesperado, como lo imprevisto. Sin embargo, pensamos, lo indisponible suele expresarse como conciencia apocalíptica, como incapacidad colectiva de cambiar el camino que lleva a la aniquilación.

¿Cómo podemos entonces constituirnos para el futuro en una época que se caracteriza por su evanescencia? Por ejemplo: ¿Qué proyectos políticos de cambio pueden realizarse en un mundo con horizontes que cambian de manera imprevista? ¿Qué pasa cuando el espíritu del mundo se sitúa en Silicon Valley? Las legiones de jóvenes empleados por plataformas sin alma pueden dar testimonio de ello.

Note de bas de page 4 :

Cesare, D. (2021). Tiempo de revueltas. Madrid: Siglo XXI de España.

Esta distorsión del sentido del tiempo no responde a una racionalidad instrumental que vaya más allá de manipular la sensibilidad humana para ajustarla a los deseos del poder. Las crisis provocadas por el hipercapitalismo se multiplican y superponen. Lo que se muestra más difícil es que el futuro no sea distópico. Donatella di Cesare4 ha reflexionado en que los “albores del tercer milenio se caracterizan por una enorme dificultad para imaginar el futuro” (2021: 14). Esto no puede ser casual ni irrelevante en una época en la que se toma conciencia de que vamos muy atrasados con el problema del cambio climático, el cual muestra sus preocupantes signos cada vez con mayor frecuencia; y a pesar de voces que llaman por la moderación del tono apocalíptico de las advertencias (por ejemplo, Mann 2021), parece avizorarse un momento final para decisiones que ya serán un poco tardías.

Note de bas de page 5 :

La referencia de Benjamin al freno de emergencia puede encontrarse en el fragmento de Benjamin que se encuentra en Benjamin, W. (2008). Tesis sobre la historia y otros fragmentos. Edición, traducción e introducción de Bolívar Echeverría. Ciudad de México: Ítaca y Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Sin pensar, como Walter Benjamin5, en pisar los frenos de emergencia de la historia (2008: 70), nos hundimos en la emoción confusa del viaje sin retorno, en el viaje de un solo sentido que han programado los supuestos genios de la innovación, a quienes se les ha encargado un futuro que ni siquiera a ellos les interesa conocer. Nuestra propia naturaleza empieza a convertirse en un instrumento de nuestros deseos, lo cual viene a ser un contrasentido porque es difícil enjuiciar tales aspiraciones cuando nuestra propia subjetividad está sujeta a un cambio sin sentido más de que se halla disponible —y esto de manera selectiva porque otros problemas, urgentes y, sin embargo, solubles, reciben escasa atención. La misma experiencia de los ritmos de la vida, no reductible al marcar de los relojes, empieza a perder su sentido, sin que se propongan referentes que llenen el vacío dejado por esa transformación. No hay tiempo para pensar, para responder las preguntas que le dan sentido a la existencia.

Gerontofobia y geronticidio

Note de bas de page 6 :

Redeker, R. (2017). Bienaventurada vejez. Traducción del francés de Elisabeth Lager Emma Rodríguez Camacho. Bogotá: Fondo de Cultura Económica.

Note de bas de page 7 :

https://www.emol.com/noticias/Nacional/2021/07/02/1025480/oms-declara-vejez-como-enfermedad.html, recuperado el 7 de julio de 2021. Agradezco al Dr. Erick Valdés el envío de dicha referencia.

En el contexto descrito con anterioridad, la vejez como estadio ineludible deviene una anomalía. Robert Redeker6 indica que la vejez se encuentra en peligro, no debido a la ineluctable muerte, sino al “complejo ideológico que domina a las sociedades occidentales (2017: 9). Quizás nada ejemplifique este problema con mayor claridad que los movimientos que dentro de la Organización Mundial de la Salud, como lo informa el periódico chileno en línea EMOL, pugnan por declarar a la vejez como una enfermedad7. Este complejo ideológico, asumimos, está enmarcado en el mismo sistema tecnológico que organiza cada vez más nuestras vidas. La continua disrupción tecnológica fomenta la imposibilidad de la vida como proyecto con sentido. Esta situación se vive en tantas discriminaciones cotidianas que deben vivir los adultos mayores (Tricio, 2019).

El ímpetu de “mejoramiento” humano hace innecesarios los accidentes de la vejez; la cual se convierte en una enfermedad. El impacto de estas ideas, desde luego, supera el objetivo de luchar contra los terribles males que aquejan a los seres humanos. Medios que, vale decir, ya solo son accesibles al número cada vez más reducido de personas que puede costearse tales intervenciones, las cuales encuentran otro motivo para ya no identificarse con sus congéneres menos afortunados.

Note de bas de page 8 :

Schneider, S. (2019). Artificial You: AI and the Future of your Mind. Princeton: Princeton University Press.

Note de bas de page 9 :

Meltz, J. (2019). Hacking Darwin: Genetic Engineering and the Future of Humanity. Naperville, Illinois: Sourcebooks.

Susan Schneider8 imagina que en 2045 existirán centros en los cuales se adquirirán chips cerebrales que incrementen la capacidad cerebral al gusto del cliente. Así, aquellos que cuenten con los recursos financieros se comprarán las habilidades que necesiten: un conjunto de destrezas matemáticas, la capacidad musical de un Mozart, entre otros privilegios que ya no serán características de seres excepcionales. Los chips se ofrecerán en bundles para que el cliente escoja las habilidades que requiera. Asimismo, Jamie Metzl9, ha afirmado que la genética es otra manifestación de la tecnología de la información (Metzl, 2019: xxi). De modo que la dotación genética se puede trabajar casi como una especie de texto; por lo tanto, el autor hace mención de la posibilidad de “editar” a los seres humanos.

Note de bas de page 10 :

Diéguez, Antonio (2021). Cuerpos inadecuados: El desafío transhumanista a la filosofía. Barcelona: Herder.

Como lo menciona Antonio Diéguez10, el transhumanismo ha impulsado la creencia de que vivimos en un ente defectuoso (nuestro cuerpo), el cual puede ser mejorado a través de la tecnología. Se presupone que el desarrollo de tecnologías transformará la misma experiencia del ser humano. La conciencia humana no es abstracta, ni mucho menos un algoritmo complejo: no somos un cerebro eventualmente sustituible por un artilugio tecnológico.

Desde Merleau Ponty sabemos que una conciencia es conciencia encarnada. Supuestamente, estamos ante una transformación del proceso histórico de autocomprensión humana. La única motivación para ese proceso surge de las entrañas del hipercapitalismo digital, lo cual implica que dicho proceso no puede ser guiado por las fuentes de la reflexión humana, la cual, sin embargo, sigue ahí, resistiendo, señalando el peligro de la barbarie tecnológica. Cada vez los programadores del todo olvidan que el ser humano forma parte de un Universo en el que las capacidades sentipensantes pueden atribuirse a los animales; recientes investigaciones hablan de la particular sentiencia, memoria y comunicación entre las plantas, las cuales encuentran también soluciones a los problemas que enfrentan.

Note de bas de page 11 :

Challeger, M. (2021). How to be Animal: A New History of What It Means to be Human. London: Allen Lane Publisher.

Melanie Challenger11 afirma que el mundo se encuentra bajo control del único animal que planifica su vida como si no fuera un animal. La aceleración, especialmente la marcada por el desarrollo tecnológico, nos ha separado de la naturaleza, dentro de la cual entendíamos el propio sentido de la vida. La vejez era una etapa de la vida, como lo es la juventud y la madurez. Sin embargo, el cuerpo es “defectuoso” y, sin duda, lo es la naturaleza. El futuro tecnológico solo se plantea como distopía.

De esta concepción profundamente anómala, se pueden derivar varios aspectos negativos. El ya mencionado Redeker, por ejemplo, condena que la cultura histórica, baluarte contra la barbarie y la superficialidad, se convierta en un objeto de consumo para el turismo. La vejez se convierte, apunta el francés, en ese estado que se oculta en los hogares geriátricos por no haberse integrado al jovenismo de la época actual (2017: 10). Este jovenismo, desde la perspectiva del presente ensayo, se entrecruza con el presentismo: siempre se debe estar joven para enfrentarse a un mundo que siempre tiene novedades, que siempre está empezando, en el cual lo que vale es lo presente y lo que se pueda esperar a partir de los profetas de las tecnologías.

No se alcanza una vida plena, el cierre del círculo de la vida, la promesa de la sabiduría, en un mundo que se encuentra en total movimiento y que requiere moverse rápido; “rompiendo cosas” como alguna vez decía Mike Zuckerberg. Como trágico corolario se desarrolla una especie de gerontofobia que, llegado el caso, se plantea como geronticidio: cada vez más la gente sucumbe ante la precariedad, ante la imposibilidad de no valerse por sí mismo en una sociedad que resbala por la senda del precariado. No todos podrán acceder al texto mejorado del cuerpo defectuoso que nos deparó el destino. La dignidad se vuelve un dato sin sentido.

Note de bas de page 12 :

Mate, R. (2018). El tiempo, tribunal de la historia. Madrid: Trotta.

La situación, no obstante, se vuelve más compleja cuando se piensa en que hubo en el siglo XX crisis que se tienden a olvidar, no porque hayamos olvidado los “hechos”, sino porque su interpretación no forma ya parte del entramado hermenéutico del mundo. En español, nadie ha insistido tanto en este hecho como Reyes Mate12, quien, recordando el pensamiento judío del Holocausto, sabe que la memoria es el único recurso contra la barbarie. Con la pérdida de la mejoría desaparece la comprensión del sí mismo, porque como lo sabía Ricoeur, nos leemos a partir de los productos de la cultura.

Desde luego, y como es de esperar, existen pensadores que ven con optimismo las mejoras tecnológicas. Hay muchos aspectos que pueden valorarse y normalmente se hace uso de ellas - cada vez con una mayor dependencia de los recursos disponibles, del país en que se vive. La tecnología siempre ha estado presente, pero en la época actual responde a una metafísica de la voluntad que lleva al olvido de los ritmos naturales de la vida. Hoy mismo vemos que se confirma, con el coronavirus, nuestra naturaleza orgánica.

Se vive en un presentismo eterno, vale decir en un tiempo sin memoria y sin anticipación de futuro. Esto es un aspecto trágico cuando la humanidad necesita más sabiduría, la cual solo se obtiene ante la experiencia límites de la vida humana, en particular, la que ofrece la muerte. Si se pierde la vejez, estamos condenados a una desaparición de la historia, no en el sentido académico, sino en el sentido comunitario.

El presentismo

Hoy mismo no sabemos qué puede pasar en pocos años. No sabemos, por ejemplo, los cambios que traerá el futuro postpandemia, ante todo porque parece que no podemos desaprender los reflejos que insertó el neoliberalismo en nuestras subjetividades. Se puede decir, recordando la presciencia de Zygmunt Bauman, que la liquidez de la vida moderna es una consecuencia de encarrilarse en un mundo sin horizontes. Vale entonces preguntarse por las fuentes de sentido para una época que aparenta prescindir de ellos.

En efecto, el desprecio de la experiencia vital, aparejada a la negación de la vejez, crea una confusión mayúscula frente a las posibilidades de sentido, incluidas las espirituales, que llenan la vida humana. Se impone el presentismo: las cosas no duran lo suficiente como para evaluar el impacto de estas en el proyecto de vida de las personas ni las sociedades. La esencial finitud de la vida hacía apremiante la respuesta a preguntas sobre el propio ser y su ubicación dentro del Universo. Se pierde el pasado y sin duda el futuro pierde su sentido porque se sabe que el mañana traerá sus propios cambios que podemos prever sólo como anticipaciones que se enmarcan dentro de algo parecido a la ciencia ficción. El eterno presentismo es, pues, el sino de una cultura que no puede pensar el mañana sin percatarse de su fragilidad. Poco puede comprenderse el ser humano cuando no tiene la oportunidad de verse reflejando en el mundo que su actividad crea a partir de los sentidos que genera.

Note de bas de page 13 :

Held, K. (2012). Ética y política en perspectiva fenomenológica. Traducción de I. Breuer, Hoyos, G., Petrillo, N., Rizo, R., Rocha, A., Vargas, J. Bogotá: Siglo del Hombre.

El mundo humano es un horizonte de horizontes, pero estos se han perdido. Como lo afirma el fenomenólogo Klaus Held13 los horizontes determinan “cuáles posibilidades futuras de comportamiento se nos abren en una situación mediante nuestro comportamiento práctico actual” (2012: 174). Según este autor, “mediante ellos podemos saber las posibles vías de nuestro comportamiento futuro” (ibid.) La aceleración de los cambios tecnológicos torna cada vez más difícil asumir los momentos reflexivos para imaginar nuestro comportamiento práctico actual.

El futuro del mundo se encuentra en la adoración de la innovación, vale decir, en la innovación continua, en un constante empezar, en una continua reorganización de las estructuras del mundo. Esto dirige la vista hacia la idea de que nada permanece. Vivimos el mundo del presentismo. Debido a que cada vez dependemos más de ella, la tecnología configura ciertas actitudes fundamentales ante el mundo. Estas constituyen un shock para las generaciones que conocieron un mundo analógico. Sin embargo, este se inserta con mayor fuerza en personas que apenas tuvieron conocimiento de los horizontes de vida que marcaron el último trecho del siglo pasado.

Note de bas de page 14 :

Stiegler, B. (2019). The Age of Disruption: Technology and the Madness of Computational Capitalism. Traducción al inglés de Daniel Ross. Cambridge: Polity.

Note de bas de page 15 :

Adorno, T. W. y Horkheimer, M. (1947/2002). Dialectic of Enlightenment. Traducido por Edmund Jehpcott. Stanford: Stanford University Press.

Pero olvidar un estadio de la vida humana y sus enseñanzas no es solo un gerontocidio, sino también un epistemicidio, uno con consecuencias que no podemos ni siquiera vislumbrar. Con la vejez se pierde una perspectiva integral para la comprensión del mundo. Stiegler14 reconoce en la dictadura totalitaria del capitalismo digital se ha conformado una nueva barbarie, como la que en su tiempo habían denunciado Adorno y Horkheimer15.

Las experiencias constitutivas de la finitud humana, de su integración dentro del Universo se diluyen bajo los mandatos vacíos del imperativo tecnológico de avanzar hacia la satisfacción de una sed insaciable de cambio, de innovación, de alejamiento de la condición humana, de separación de la naturaleza. Esto acontece en el peor de los momentos históricos, cuando la incapacidad de perder la experiencia de los tiempos hace imposible pensar los cambios necesarios que requiere la humanidad para no desaparecer. Al encarrilarse en una senda disruptiva se pierden los referentes de sentido. Nada dura lo suficiente para que surja una mirada reflexiva sobre la vida. Poco ayuda la recuperación de la meditación, del mindulfulness, cuando hasta la experiencia constitutiva de la muerte se aleja de una condición que ya no puede ser denominada propiamente “humana”.

Note de bas de page 16 :

Berardi, Franco “Bifo” (2020). Autómata y caos. Traducción de Giuseppe Maio. Madrid: Enclave.

Se da así la paradoja de que el ser humano puede tener una gran cantidad de información que no sirve como referente para construir la experiencia del mundo. En la opinión de Franco Berardi “Bifo”16, la aceleración propia de la infosfera hace que “el tiempo de elaboración cognitiva se haga más breve, contraído. Por eso la facultad crítica, en cuanto capacidad de discriminación entre verdadero y falso, se enreda, se eclipsa” (Berardi, 2020: 25). Las consecuencias son trágicas para los proyectos de gran envergadura que debe adoptar la sociedad global. El nihilismo que penetra el hipercapitalismo evapora los valores que permiten una concepción más iluminada de la realidad del mundo.

El mundo contemporáneo ha estado sacudido por varias crisis que demuestran la fragilidad de sus estructuras. En el 2007 y 2008 se puso en movimiento un desastre bancario que demostró las debilidades fatales de su sistema financiero, arquitectura fundamental de la globalización actual. Esta se saldó con sufrimiento humano. La crisis del Covid-19 tiene visos de empeorar si no se adoptan algunas transformaciones fundamentales que se hacen evidentes a aquellos conscientes de problemas similares en el pasado. Asimismo, cada vez se toma conciencia de que nos hemos atrasado frente al desafío formidables del calentamiento global; pero no se resuelve ninguna crisis, lo cual, a nuestro juicio, implica un entusiasmo con el presente, exaltación que acompaña a la falta de reflexividad.

El ser humano ha internalizado el mandato del neoliberalismo convirtiéndose en gestor de sí mismo, socavando cualquier lazo comunitario, ámbito en el cual el ser humano constituye el sentido de sí mismo. La generación presente se encuentra totalmente enredada en las redes digitales, las cuales formatean las relaciones humanas con una alienación fundamental. El ser humano se convierte en un emprendedor de sí mismo, una visión que, desde luego, no puede incluir a los débiles porque esta es una especie renovada de darwinismo neoliberal.

Se pierde el humus bajo el cual era pensable comprender el propio ser, aunque la ciencia pueda darnos intuiciones de ella, se ha optado por el camino de avanzar rápido y romper las cosas, aunque muchas de estas sean totalmente irrecuperables. Los procesos constitutivos de la experiencia histórica suponen el procesamiento de las vivencias comunes de una sociedad, los cuales se reflejan en los referentes de sentido en un mundo de la vida. Estos referentes se actualizan, haciendo transitar las experiencias sedimentadas en la historia. Perder estas referencias solo puede dar lugar a la aparición de nuevos problemas. Se puede, entonces, entender el surgimiento de renovadas formas de fascismo en diferentes sociedades. Qué mejor que olvidar las lecciones amargas de la memoria. El desprecio de la vejez es parte de esto. El superhombre es capaz de vencer a la debilidad y la fragilidad.

La vida humana se realiza cuando encuentra un sentido: la existencia adquiere todo su significado. Pero esto es precisamente lo que hace imposible la aceleración del mundo actual. El ser humano no puede localizar parámetros para pensar en las preguntas fundamentales de la existencia; es más, estas son olvidadas por el ímpetu de la innovación la cual hace a un lado las preguntas que plantea la condición humana. La sobrecarga de información impide cualquier avance en esta dirección.

Es un ímpetu de auto mejoramiento que no tiene sentido porque solo implica el desarrollo de los deseos sin parámetros axiológicos a partir de los cuales se pierde el mundo. La subjetividad humana no es una red moldeable a través de la manipulación de un cerebro. La conciencia supone la vida del tiempo y la memoria. El sentido, entonces, deviene un aspecto que no puede eludirse, es el aspecto que no puede brindar la tecnología. Un programa de pintura puede elaborar un cuadro, pero nunca podrá brindarle sentido, porque carece de un espíritu que quiere decirnos algo.

Lucha en contra de la condena de la vejez precaria

Como se ha visto, el presentismo se manifiesta en el desdén de la experiencia, así como de las condiciones de la vulnerabilidad, entre ellas, la vejez. La muerte y la vejez son consideradas como una experiencia extirpable, como un estado evitable a través de las promesas de la biotecnología que aspira incluso a la posibilidad de vencer la muerte. Por la tanto, no se piensa nada acerca de su peculiaridad como antesala de la muerte y la riqueza que su experiencia implica para la riqueza humana.

El presentismo, sin embargo, es solo una expresión del dominio del denominado Big Tech. La tecnología ha traído mejoras a la vida humana, pero su desarrollo sin control tiende a hacer que muchos seres humanos sobren, lo cual ha generado una situación de precariedad que seguirá aumentado. Dentro de esa lógica, las personas mayores se verán desplazadas de una vida con sentido en un sistema económico en el que solo cuenta la capacidad de consumo. En un mundo en el cual el acceso global a las vacunas contra el Covid-19 no es posible, no es cierto que tales adelantos vayan a estar a disposición de los que resbalan en la pendiente de la desigualdad. En algunos países, las redes sociales convocan de manera permanente a colaborar con alguien para sufragar los gastos que supone el combate de una eventualidad con la salud. El haber debilitado los Estados con medidas de austeridad de estirpe individualista también puede imaginarse como una consecuencia del socavamiento de la red de solidaridad que surge de la comprensión y aceptación mutuas.

La presente situación con la vejez refleja más una opción errónea que una realidad ineluctable. Es otra manifestación de la política que ha perdido el Norte del bien común. Esta pérdida ha hecho posible avizorar un apartheid vital, en los que triunfan, sin embargo, están condenados a la locura que solo puede devenir de la pérdida de sentido de la vida humana. Un bunker en el que los más ricos puedan sobrevivir una eventual catástrofe apocalíptica, no podrá nunca suponer el abrigo de sentido que da el Universo y la comunidad humana.

Note de bas de page 17 :

Larson, Rob (2019). Bit Tyrants: The Political Economy of Silicon Valley. Halifax: Fernwood Publishing.

Parte de la solución consiste, por lo tanto, en sujetar a las grandes empresas tecnológicas y dentro de esto, recuperar el sentido de un Estado democrático y solidario. En esta dirección, Rob Larson17 sostiene que ninguna

visión para cambiar nuestra sociedad de manera fundamental puede triunfar sin pensar seriamente cómo lidiar con las compañías tecnológicas que se han constituido posiblemente en la industria central del capitalismo (Larson, 2019: 2).

A través de la continua innovación que introduce “mejoras” a costa de prescindir de los seres humanos no puede alcanzarse un mundo en el cual el ser humano pueda vivir la vida que le corresponde. El darwinismo digital no es la receta para la recuperación de la política del bien común.

Debe reconocerse que algunos países y regiones han empezado a avanzar en ese sentido. Este movimiento se ha iniciado en Europa, se ha manifestado en países como Australia e, incluso, ha empezado a convertirse en un tema crucial en los Estados Unidos. Este movimiento responde a la conciencia de los riesgos de los gigantes tecnológicos como Amazon, Google, Microsoft, Apple y Facebook. La visión libertaria de los dirigentes de estas compañías no es consistente con la búsqueda del bien común.

Se enfrentan tiempos en los que la sabiduría acumulada de la humanidad puede ayudar a encontrar un futuro. El tesoro preservado por las culturas se ve confirmado por el hecho de que se reafirma que vivimos en un Universo sentiente, el cual implica obligaciones morales en su preservación. No se sabe a ciencia cierta qué vida puede venir de la separación del ser humano que olvida su animalidad constitutiva. La vejez ya no se concibe como una anticipación probable del propio ser, sino como un símbolo o prueba de la propia vulnerabilidad, de la poca funcionalidad en el mundo.

La vejez pierde su significado en un mundo imbuido de presentismo, sin sentido del mañana, incapaz de ser experimentado con toda la dotación de categorías con la que el ser humano se comprende a sí mismo. La separación de la naturaleza, el sentido que brindan sus ritmos se torna inaudibles ante el despliegue triunfal de tecnologías que no pueden estar seguras ni siquiera de su orientación. Es necesario, por lo tanto, tomar varias medidas que permitan una concepción más rica de la vida, papel en la cual las generaciones mayores tienen que cumplir un papel más relevante. Sin duda, la sociedad humana tiene que sujetar políticamente las bridas de la tecnología sin control. Este pequeño ensayo ha sido un mínimo esfuerzo por brindar una respuesta en esta dirección.