Jorgelina Molina Planas

Transcontinental Human Trajectories

La experiencia de los niños indígenas jornaleros agrícolas migrantes en el noroeste de México The experience of child indigenous workers agricultural migrants in northwest México

José Ángel Vera Noriega 
et Francisco Fernando Durazo Salas 

Published on line 22 juillet 2020

Digital Object Identifier : 10.25965/trahs.2458

Nuestro artículo tiene como objetivo describir la forma de vida de niñas y niños indígenas jornaleros agrícolas migrantes, así como las particularidades de la migración interna indígena en el noroeste de México. En este marco, los procesos de ajuste de las políticas al campo destruyeron la capacidad económica de los campesinos en favor de un modelo neoliberal e incrementaron los flujos migratorios de las regiones deprimidas (sur-sureste) a las regiones agrícolas desarrolladas del país (noroeste). La migración se ha convertido en una característica inherente a los pueblos indígenas y jornaleros agrícolas; los cambios sociales, culturales, económicos y otros, los han colocado en una situación que los somete a procesos de explotación laboral y a una constante discriminación. La movilidad y el trabajo como condiciones de vida obligan a familias enteras a contratarse como jornaleros en los campos agroindustriales, en este contexto, la incorporación de niños y niñas indígenas migrantes en actividades del mercado agrícola implica que abandonen la escuela y vayan esporádicamente a la escuela para niños migrantes. Adicionalmente, están expuestos a problemas de salud relacionados con la intensa jornada de trabajo, las condiciones en las que lo realizan, los riesgos de la propia actividad laboral, los accidentes durante los traslados al campo, entre otros.

Notre article vise à décrire le mode de vie des enfants indigènes, travailleurs agricoles migrants, ainsi que les particularités de la migration interne des indigènes dans le nord-ouest du Mexique. Dans ce contexte, les processus d'ajustement des politiques à la campagne ont détruit la capacité économique des paysans au profit d'un modèle néolibéral et accru les flux migratoires des régions défavorisées (sud-sud-est) vers les régions agricoles développées du pays (nord-ouest). La migration est devenue une caractéristique inhérente aux peuples indigènes et aux journaliers agricoles ; les changements sociaux, culturels, économiques et autres les ont placés dans une situation qui les soumet à des processus d'exploitation par le travail et à une discrimination constante. La mobilité et le travail comme condition de vie obligent des familles entières à être embauchées comme journaliers dans les domaines agro-industriels, dans ce contexte, l'incorporation de garçons et de filles indigènes migrants dans les activités du marché agricole implique qu'ils abandonnent l'école et n’y aillent que de façon sporadique. De plus, ils sont exposés aux problèmes de santé dus aux journées de travail intenses, aux conditions de travail, aux risques inhérents à leur activité professionnelle, aux transferts vers les champs et bien d’autres.

Nosso artigo tem como objetivo descrever o modo de vida das crianças indígenas trabalhadores agrícolas migrantes, bem como as peculiaridades da migração interna indígena no noroeste do México. Nesse contexto, os processos de ajuste de políticas ao campo destruíram a capacidade econômica dos camponeses em favor de um modelo neoliberal e aumentaram os fluxos migratórios das regiões deprimidas (sul-sudeste) para as regiões agrícolas desenvolvidas do país (noroeste). A migração tornou-se uma característica inerente dos povos indígenas e diaristas agrícolas; mudanças sociais, culturais, econômicas e outras as colocaram em uma situação que as sujeita a processos de exploração do trabalho e discriminação constante. A mobilidade e o trabalho como condições de vida obrigam famílias inteiras a serem contratadas como diaristas em campos agroindustriais. Nesse contexto, a incorporação de meninos e meninas migrantes indígenas nas atividades do mercado agrícola implica que eles abandonam a escola e esporadicamente vão para a escola para crianças migrantes. Além disso, estão expostos a problemas de saúde relacionados ao intenso dia de trabalho, às condições em que o fazem, aos riscos de sua própria atividade laboral, aos acidentes durante transferências para o campo, entre outros.

Our article aims to describe the way of life of migrant agricultural day laborers, as well as the peculiarities of internal indigenous migration in northwestern Mexico. In this framework, the processes of adjustment of policies to the countryside destroyed the economic capacity of the peasants in favor of a neoliberal model and increased migratory flows from the depressed regions (south-southeast) to the developed agricultural regions of the country (northwest). Migration has become an inherent characteristic of indigenous peoples and agricultural day laborers; social, cultural, economic and other changes have placed them in a situation that subjects them to processes of labor exploitation and constant discrimination. Mobility and work as living conditions force entire families to be hired as day laborers in agro-industrial fields, in this context, the incorporation of indigenous migrant boys and girls in agricultural market activities implies that they drop out of school and sporadically go to the school for migrant children. Additionally, they are exposed to health problems related to the intense work day, the conditions in which they do it, the risks of their own work activity, accidents during transfers to the field, among others.

Contents

Full text

Este artículo sobre la experiencia de niñas y niños jornaleros agrícolas indígenas migrantes intenta, por un lado, presentar las formas de vida muy vulnerables dentro de un sistema atroz que se desarrolla alrededor de los cambios en políticas hacia el campo en los últimos 20 años. Estos cambios provocaron la expulsión de grupos de familias indígenas de sus lugares de origen hacia las regiones productoras de hortalizas, a gran escala, con riego tecnificado muchos de ellos hablando su lengua de origen y cargando consigo sus rutinas, miedos, expectativas, mitos y rituales hacia lugares donde son discriminados y banalizados sus derechos fundamentales.

Por otro lado, es necesario particularizar las causas de la migración en México y, en especial, de la emigración indígena. La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (2015) nos informa sobre una alta movilidad entre la población indígena, mostrando que el noroeste del país en los estados de Baja California, Sinaloa y Sonora durante decenios han venido siendo polos de atracción; por el contrario, Oaxaca, Veracruz, Puebla y Guerrero (sur-sureste) se distinguen por ser polos de expulsión de población indígena.

Planteamiento del problema

La migración, como es sabido, es el desplazamiento de un conjunto de población, por un lapso de tiempo variable de su lugar de residencia. Se trata de un proceso de desplazamiento de grupos humanos que contempla tres aspectos: el lugar de origen, la trayectoria migratoria y el lugar de destino, y otros tres en cuanto a la población misma (Nolasco y Rubio, 2005: Pág. 1, párr. 6); su cuantía, los motivos que llevan a la decisión de salir de su lugar de origen y a elegir el lugar de destino, y las consecuencias socioeconómicas, culturales, individuales y sobre el medio tanto en el lugar de salida como en el de llegada.

En México, la situación de los migrantes en los campamentos es de multiculturalidad; en estos coexisten indígenas que pertenecen a etnias del sur, centro y norte y mestizos de todo el país. Esto ha significado una notable dificultad para los diferentes grupos étnicos en cuanto a la preservación de sus vínculos identitarios, sumado a que no existen acciones o programas gubernamentales que den soporte al desarrollo y reproducción de las culturas originarias, en situación de multiculturalidad y constante movimiento (Nolasco, 2006).

Por largos periodos la población en las comunidades indígenas se ve reducida de manera importante; en algunas, solo se quedan los ancianos y niños pequeños, lo que dificulta la reproducción cultural y provoque un cambio en los patrones familiares, aunque comúnmente la familia indígena es extensa - la migración privilegia a la familia nuclear, fragmentando sus formas tradicionales de organización (Nolasco, 2006).

En el complejo universo de la migración y la cultura, el fenómeno de las identidades destaca, ya que los migrantes pendulares y circulares, incluso los que se han establecido definitivamente, se encuentran en una situación de alteridad permanente. En este sentido, hacen falta estudios específicos sobre este tema y su magnitud, por lo que, se torna necesario realizar investigaciones, bajo un enfoque psicosocial, que aborde los cambios y las formas o maneras en que la niñez jornalera migrante construye su identidad y las formas en las que la reproduce. Entender cómo es que los niños migrantes interiorizan, aprenden e interpretan el mundo en el que viven y cómo llegan a manifestar determinadas expresiones de vida y una identidad particular se torna compleja, dado que sus contextos socioculturales pueden llegar a ser tan distantes y contrastantes (Vera, 2009).

En este contexto, las identidades construidas a partir de un territorio definido históricamente y de una memoria colectiva (tradición oral), como es el caso de los grupos indígenas, se ve afectado con la migración. El ir y venir de los niños origina que los marcos referenciales de su grupo se vean afectados en cuanto a sus conductas, creencias y actitudes. Todo ello indica que la migración y los cambios en los grupos de referencia afectan la configuración de la identidad social y étnica en los niños migrantes.

La migración en México

Desde tiempos prehistóricos, el ir y venir del ser humano permitió la expansión de la especie en todos los continentes. La diversidad existente en nuestro mundo de hoy se debe al desplazamiento temporal o definitivo de grupos o individuos que por razones diversas deciden migrar.

La migración como proceso abarca tres etapas: la emigración, la inmigración y el retorno. Blanco (2000) explica que ha existido confusión y problemas de interpretación entre las aproximaciones teóricas al respecto, mostrando ambigüedades para definir de dónde se emigra y por qué, y a dónde se inmigra y cuáles son las razones y el tiempo de permanencia en el destino. Los parámetros para definir un desplazamiento que se entienda como migratorio requiere de un movimiento que ha de generarse entre dos áreas geográficas delimitadas por los municipios, las provincias, las regiones o los países. Por otro lado, la permanencia deberá ser dentro de un marco temporal amplio y el cambio debe suponer una transformación importante del medio físico y social. Adicionalmente, el traslado debe tener la intención de satisfacer necesidades o una mejora en la calidad de vida (Micolta, 2005).

El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (Department of Economic and Social Affairs) estimaba que, en 2015, alrededor de 244 millones de personas vivían en una nación distinta a la de su origen. México no está exento de este proceso; la colindancia con Estados Unidos ha configurado su migración externa. Esta cercanía posibilitó que alrededor de 12 millones de mexicanos hayan decidido residir en aquel país de forma legal, junto con otros cinco millones de indocumentados (Canales y Rojas, 2018). Entre las causas del flujo migratorio se encuentran la profunda brecha entre los niveles de ingreso y las condiciones de empleo de ambos países, así como el creciente contacto de las familias con sus lugares de origen.

Por otro lado, la pérdida de espacios laborales y las crisis económicas padecidas durante las últimas tres décadas impulsaron la migración de grandes contingentes al interior del país. La complejidad del proceso migratorio interno es grande; inicialmente, implicó una migración rural-urbana, de individuos provenientes del campo, atraídos por las grandes urbes. Sin embargo, el origen y destino de los movimientos migratorios se han vuelto más complejos y su impacto es mayor.

Causas de la migración

Las aproximaciones teóricas que en detalle explican las causas de la migración, se exponen según la disciplina en la Tabla 1.

Tabla 1. Causas de las migraciones en términos interdisciplinares

DISCIPLINA

PERSPECTIVAS

Demografía

*Las migraciones como resultado de distintos desarrollos de la estructura de la población.

Análisis de la migración en términos de:

- componentes demográficos (edad, sexo, índice de fertilidad, etc.)

- características socio-económicas de los inmigrantes (profesión, cualificación, etc.)

Economía

*Decisiones individuales sobre la base de la conquista de mayor bienestar en otro lugar.

Formación de las expectativas basada en la información sobre:

- diferencias de ingresos

- niveles de desempleo y puestos de trabajo

- diferencias de precios

- tasas relativas de crecimiento económico.

*Necesidades laborales en los países de destino como resultado de:

- relativa provisión de factores de producción y recursos

- deficiencias del mercado

- integración

Etnología

*La migración como resultado de:

- evoluciones culturales en una sociedad

- contactos entre diferentes sistemas sociales y culturales

Geografía

*Las migraciones como expresiones de redes espaciales

*Distancia (geográfica) como causa primordial de la migración

Historia

*Estadios de desarrollo absolutos y relativo a las áreas de origen y destino

*Evolución histórica

Política

*Las migraciones como resultado (generalmente involuntario) de conflictos políticos

*Las migraciones como opción de salida de un sistema político

*Diferencias entre los sistemas políticos de las áreas de origen y de destino

Psicológica

*Estructura motivacional en los procesos de toma de decisiones de los emigrantes

*El “stress” como factor de migración

*Conductas no racionales

Sociología

*Las migraciones como forma de cambiar la posición social, el estatus y el rol

- conducta específica del grupo

* Las migraciones como estrategia familiar

* Las migraciones como resultado de estrategias anómicas entre sistemas

*Decisiones individuales sobre la base de la conquista de mayor bienestar en otro lugar

Formación de las expectativas basada en la información sobre:

- diferencias de ingresos

- niveles de desempleo y puestos de trabajo

- diferencias de precios

-tasas relativas de crecimiento económico

* Necesidades laborales en los países de destino como resultado de:

- relativa provisión de factores de producción y recursos.

- deficiencias del mercado

- Integración

Las migraciones como producto colateral de la internacionalización del capital

Fuente: tomado de Carrasco (1999: 12)

Conviene aquí, dar una mirada a la migración interna indígena en México, la cual está relacionada con el mercado de trabajo rural, mismo que tiene como características que es domestico-familiar, intensivo, de baja percepción salarial, sin prestaciones ni servicios. Por esto, Sánchez (2003) asume que los procesos de ajuste de las políticas al campo destruyeron la capacidad económica de los campesinos en favor de un modelo neoliberal e incrementaron los flujos migratorios de las regiones deprimidas (sur-sureste) a las regiones agrícolas desarrolladas y productivas del país (noroeste). La precariedad del trabajo jornalero agrícola generó un contexto de exclusión y vulnerabilidad social para muchas familias rurales campesinas.

Se observa, pues, la existencia de una división del territorio nacional vinculada a las particularidades de la fuerza de trabajo y el mercado laboral, las cuales están relacionadas con los movimientos migratorios de la población rural e indígena; de modo que, por un lado, tenemos a una región moderna y exportadora que requiere trabajadores temporales y, por otro lado, una región con condiciones precarias de infraestructura y pocas opciones de ocupación laboral (Red Nacional de Jornaleras y Jornaleros Agrícolas [RNJJA], 2019a; Rojas, 2017). En la Tabla 2 se describen las características de las regiones, según su condición de atracción y de expulsión.

Tabla 2. Espacios geográficos y niveles de desarrollo por región en México

Región

Características

Productores

Norte y noroeste

(de atracción).

Se concentran los grandes centros de producción agrícola; cuentan con un clima y relieve propicio para la agricultura.

Presentan una compleja infraestructura hidráulica y sistemas de riego, un alto uso de tecnología y un gran dinamismo productivo que les permite a las grandes empresas integrarse y competir en el mercado internacional.

Sur y sureste

(de expulsión).

Subsiste una arraigada tradición

agrícola (particularmente en los

territorios mayoritariamente indígenas),

hay una orografía y relieve

variables, poco favorables para la

gran mayoría de los cultivos.

Son zonas que requieren de una fuerte inversión productiva, y donde se ubican las regiones más pobres del país, con alta concentración de agricultura de subsistencia y cuya producción se orienta, en mayor cantidad hacia el autoconsumo y el mercado local.

Fuente: tomado y modificado de RNJJA (2019a: 24)

Tipos de migración interna

La migración interna en México se ha convertido más que en un fenómeno transitorio, en una característica inherente a los grupos sociales que padecen extrema pobreza, destacando los pueblos indígenas y jornaleros agrícolas por la complejidad que adopta su migración, tanto por los patrones y causas que la generan, como por los impactos culturales a que ésta conduce.

El desplazamiento rural a los lugares de atracción laboral confiere a los grupos en movimiento distintas acepciones. Así, uno puede referirse a migrantes asentados o itinerantes. Los primeros son los que se han establecido en el lugar de acogida, en tanto los segundos, en constante movimiento, se caracterizan por tener ciertas particularidades, descritas a continuación (Lara, 2006):

  • Migrantes errantes golondrinos: viajan según la temporada del año, van cambiando de campo según la cosecha, sin tener una residencia fija.

  • Migrantes circulares: se mueven en más de dos lugares de trabajo, con residencia principal en el pueblo de origen o en un campamento, en alguno de los lugares de trabajo.

  • Migrantes pendulares: trabajan por temporada; una vez terminado el ciclo, retornan al lugar de origen durante tres o cuatro meses. Regresan al siguiente período de cosecha. Tienden a caracterizarse por contratarse siempre al mismo campo.

Figura 1. Tipos de migración interna en México. Fuente: Consejo Nacional de población (2016).

Figura 1. Tipos de migración interna en México. Fuente: Consejo Nacional de población (2016).

Los pueblos indígenas siempre han representado a los grupos sociales más marginados del desarrollo del país, por lo que en los últimos años no ha habido un grupo étnico cuya población, en proporción importante, no migre para ocuparse en los servicios básicos de las ciudades y en los complejos agroindustriales (Nolasco, 2006). De tal suerte, la migración ha provocado un cambio en la forma en que se incorporan los indígenas a la estructura productiva. Gran parte de ellos trabajan como jornaleros asalariados - entendiéndose como jornalero agrícola a un individuo que transita de su condición de campesino pobre a la de asalariado agrícola.

Cabe señalar algunas diferencias en los tipos de jornaleros que existen en México (RNJJA, 2019a: 14): (a) quienes viven y trabajan en su lugar de origen, (b) los migrantes temporales que trabajan en la agricultura intensiva y salen de su lugar de origen a los campos de los estados productores, y (c) los migrantes que permanecen en las regiones de atracción de agricultura intensiva.

¿Quiénes y cuántos son los que conforman este grupo de Jornaleros Agrícolas Migrantes (JAM) son dos preguntas que son necesarias responder para conocer la magnitud del fenómeno de la migración interna? En este rubro no existe una estimación exacta acerca del número de jornaleros en el país.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2017), a través de la Encuesta Nacional de Ocupación Empleo (ENOE), para el segundo trimestre del año 2017, estima a la población de jornaleros ocupados en el sector agrícola, en un total de 2,292,053 personas; de los cuales el 10.27% son mujeres. Esta cifra ofrece un panorama de la importancia del fenómeno, no sólo para su estudio sino también para su atención.

Los cambios sociales, culturales, económicos y de otros tipos, los exponen a situaciones que han significado nuevas formas de riesgo, abuso y manipulación. En este sentido, el proceso migratorio de los jornaleros agrícolas inicia con el reclutamiento en su comunidad de origen; ahí, los enganchadores aprovechan la oportunidad para negociar y contratar a las personas con promesas de salarios altos, hospedaje y apoyo para el traslado.

El viaje llega a convertirse en la mayoría de los casos en un martirio; los autobuses usados para el traslado de jornaleros no ofrecen las mínimas condiciones de seguridad para el viajero. En el campo, los jornaleros son acomodados en galerones de lámina acanalada y piso de concreto o tierra, en cuartos de tres metros cuadrados aproximadamente, cuyas condiciones de hacinamiento ocasiona dificultades para mantener intimidad y una sana convivencia. Cabe señalar, que existen campos en los que se contratan únicamente a familias, o bien, el campo opta por contratar y mantener por separado a familias, mujeres y hombres solteros.

Los servicios mínimos que ofrece un campo agrícola son: agua, energía eléctrica, regaderas comunes, sanitarios, comedor (en el caso de algunos campos que no les es permitido a las mujeres cocinar), hornillas, guardería, escuela (primaria multigrado) y en pocos casos servicio médico, de una a dos veces por semana. Los servicios descritos ofrecen un panorama alentador; sin embargo, existen campos en los que no existen letrinas y que sufren por largas temporadas el desabastecimiento de agua potable.

Aunado a esta situación se encuentra la inseguridad de los campos en donde el consumo de alcohol y de drogas (marihuana) se realiza abiertamente. Las agresiones físicas y verbales se manifiestan en fines de semana cuando los jornaleros reciben su “raya” (cobran el salario establecido por el campo). Las violaciones, o bien, hechos violentos con armas blancas provocan de forma aislada enfrentamientos con guardias del campo y/o policías ministeriales. A esta situación se suman los accidentes y muertes laborales que adultos y niños sufren durante el trabajo.

Debido a las características del trabajo que realizan los JAM, existen diversos riesgos para su salud y seguridad relacionados con la falta de equipo de protección personal adecuado, capacitación insuficiente, la extensa jornada laboral y las temperaturas altas en las que se realiza (Castañeda, Cruickshank, Guercke y Verduzco, 2016). Entre los problemas de salud más recurrentes se encuentran: intoxicaciones y quemaduras por el manejo de agroquímicos y la fumigación de los campos mientras el personal se encuentra laborando, deshidratación e insolación, así como estar expuestos a diversos accidentes por el uso de herramientas filosas, entre otras.

Familia y migración

Buena parte del crecimiento económico de las principales regiones agrícolas del país se sustenta esencialmente en las familias indígenas migrantes de los estados más pobres como: Oaxaca, Guerrero, Puebla, Hidalgo, Veracruz, Michoacán y Chiapas. En México, se estima que existen al menos 434,961 familias en permanente movimiento entre las zonas de expulsión y las zonas de atracción (Rojas, 2012a).

En este sentido, SEDESOL y UNICEF (2006: 39) afirmaban que, a pesar de la diversidad de las formas de emigración, el trabajo en los campos agrícolas se basa principalmente en las familias nucleares y extensas (43%), siguiéndole en orden de importancia el trabajo de personas solas (35%), los padres o madres que viajan solos con sus hijos (8%), las parejas que viajan solas o acompañadas (7%) y las personas que migran colectivamente en grupos (7%).

Desde esta mirada, las familias de jornaleros agrícolas no pueden ser consideradas como cualquier otra familia que no está sujeta a procesos migratorios. Su situación las somete a procesos de explotación laboral y a una constante discriminación.

Los estilos de enseñanza que madres y padres desarrollan en el hogar se trasladan de un lugar a otro, siendo un modelo autoritario y poco afectivo del padre, y muy objetivo por parte de la madre. En el contexto del migrante, la percepción subjetiva de apoyo del padre es fundamental para mantener la autoestima, su autoconcepto, su percepción como madre, como esposa, como cuidadora. En el tránsito, el proceso de predominio masculino es un rasgo que se ejerce sobre la madre y las hijas que participan en la labor del campo apoyando, pero si desatender las labores del hogar (Vera y Rodríguez, 2009a).

El número de hijos en la condición de migrantes y no migrantes, lo mismo que las redes de apoyo social, particularmente con los abuelos y tíos, primos y sobrinos, configuran un fuerte lazo de identidad y pertenencia ya que forman parte de la historia general de la etnia y en particular del clan al que se pertenece, del lugar de donde se venga y la empatía que exista entre los principios rituales, las expectativas de futuro y el plan de vida (Vera y Rodríguez, 2009b).

La familia percibe la condición de migración como un sacrificio para mejorar los indicadores de bienestar en el lugar de origen; son fundamentales para la mejora de la percepción de satisfacción laboral y familiar de la madre e impactan de manera directa en las habilidades, el tiempo y la calidad de la interacción con los hijos, y con ello, los avances en el desarrollo psicológico (Vera y Robles, 2010).

En síntesis, los estilos y prácticas educativas se repiten a través de los territorios de migración; sin embargo, la condición migrante disminuye el tiempo de contacto de la madre con sus hijos y, en muchos casos, la ausencia de las redes de apoyo social de los abuelos, tíos y primos es una perdida fundamental para la estimulación y promoción del desarrollo de los niños.

Contexto del trabajo infantil de niños indígenas migrantes

A nivel internacional se han establecido convenios para la erradicación del trabajo infantil en el mundo. Desde esta perspectiva, se considera trabajo infantil a todo trabajo que aleja al menor de la escuela y de oportunidades básicas para el desarrollo personal, tales como recreación y descanso (Organización Internacional del Trabajo [OIT], 2003).

Este trabajo somete a los niños a situaciones de amenaza a su integridad física, emocional y mental. El trabajo infantil, en este contexto, es un fenómeno que se deriva de las decisiones de los padres que surge como estrategia de sobrevivencia ante diferentes circunstancias y contextos (Orraca, 2014).

En el ámbito regional y en el caso particular de la niñez indígena, conviene señalar algunos aspectos acerca de las actividades que, desde temprana edad, realizan los niños indígenas del país y con lo que puede considerarse, desde una visión ajena a la cultura como trabajo infantil. De acuerdo con González (2006), las actividades de niños y niñas inician prácticamente desde que pueden sostenerse en pie y entienden el idioma del grupo. Los cinco años significa la entrada a otra etapa de la infancia, en la cual se adquieren responsabilidades en la realización de actividades grupales. Desde este sentido, niños y niñas indígenas se incorporan al trabajo agrícola, desde las condiciones de su etnicidad.

En este punto debe aclararse que el trabajo infantil en los campos agroindustriales no forma parte de este proceso de socialización y de educación de los niños, puesto que, en los campos agrícolas, las familias no controlan los procesos de producción, los ciclos de trabajo o duración de las jornadas; es decir, el trabajo jornalero no está cargado con contenidos culturales arcaicos como lo está el trabajo que los niños realizan en sus comunidades de origen. Con lo que el trabajo deja de ser un medio para la transmisión intergeneracional de conocimientos, destrezas y actitudes. En la incorporación de los hijos al trabajo infantil, lo fundamental es obtener el máximo de recursos, para compensar los bajos salarios temporales que reciben los padres (Rojas, 2012b).

Desde esta perspectiva, la importancia del trabajo de los niños migrantes en los campos agrícolas ha sido minimizada. Constantemente, se oculta a la luz pública el trabajo que día a día los niños y niñas realizan en el campo y a las condiciones laborales a la que son sometidos.

De acuerdo con cifras de la OIT (2014), existen alrededor de 168 millones de niñas y niños que trabajan en el mundo; de esa cantidad, el sector agrícola capta al 59% de esta población - una de las modalidades de trabajo más riesgosas, tanto para niños y niñas como para los adultos.

La movilidad y el trabajo como condiciones de vida obligan a familias enteras a contratarse como jornaleros. En los campos vinícolas y hortícolas del país, existen menores de 18 años laborando en diferentes actividades que exigen un desgaste físico. La contratación de menores en los campos agrícolas se debe, en gran medida, a que al ser pequeños son más eficientes para algunas actividades como preparación y desyerbo del suelo de cultivo, corte de hortalizas, desahíje, desbrote y deshoje para el caso de la uva (Gamboa y Gutiérrez, 2015; Rojas, 2012b).

Las principales actividades realizadas por los niños jornaleros que trabajan como asalariados son: corte, desyerbo, recolección, selección de frutos, empaque, carga y acarreo. En tanto que las actividades ejecutadas por niños menores de 10 años son en su mayoría referentes al trabajo doméstico como: lavar trastes, cuidar de sus hermanos menores, limpiar el cuarto, lavar ropa y en el caso de las niñas aprender a tortear.

La Tabla 3 muestra la distribución del trabajo infantil según el tipo de familia, de acuerdo al diagnóstico realizado por SEDESOL y UNICEF (2006), aclarando que no encontramos una actualización reciente de estos datos. Destacándose la familia nuclear (61.2%), familia con parientes y/o paisanos y/o personas solas (16.7%) y madre sola con hijos con un (6.7%).

Tabla 3. Distribución de niñas y niños por tipo de familia y según su condición de trabajo infantil

Tipo de familia

Niños que

sí trabajan

Niños que

no trabajan

Total

Núm.

%

Núm.

%

Núm.

%

Personas solas

307

1.9

0

0.0

307

1.1

Pareja sin hijos

14

0.1

9

0.1

23

0.1

Pareja con parientes y/o paisanos y/o personas solas

258

1.6

61

0.5

319

1.1

Madre sola con hijos

1,106

6.7

823

6.8

1,929

6.7

Madre sola con hijos y parientes y/o personas solas

675

4.4

340

2.8

1,015

3.5

Padre solo con hijos

231

1.4

110

0.9

341

1.2

Padre solo con hijos y parientes y/o paisanos y/o personas solas

270

1.6

136

1.1

406

1.4

Familia nuclear

10,082

61.2

8,768

72.1

18,850

65.8

Familia con parientes y/o paisanos y/o personas solas

2749

16.7

1,817

14.9

4,566

15.9

Grupo de parientes y/o paisanos y/o personas solas

787

4.8

104

0.9

891

3.1

Total

16,479

100.0

12,168

100.0

28,647

100.0

Fuente: SEDESOL y UNICEF (2006: 46)

Situación educativa de la niñez indígena migrante

El INEGI, por medio del Módulo de Trabajo Infantil aplicado en el marco de la ENOE 2015, informaba que para el cuarto trimestre de ese año trabajaban en el sector agropecuario 5,359 niñas y 25,054 niños (de 5 a 15 años) y 660,135 adolescentes (entre 16 y 17 años), representando el 30% del total de los menores (3% niñas y 27% niños) que trabajaban en el país.

Actualmente, se calcula en 326 mil los niños y adolescentes migrantes agrícolas en edad de cursar la educación básica, de los cuales solo 49 mil (15%) asisten a la escuela (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación [INEE], 2019). Los niños y adolescentes JAM registran el mayor rezago educativo ya que, de acuerdo al mismo INEE (2016), en 2009 el promedio de escolaridad era de 8.1 años a nivel nacional, para jóvenes de 15 o más años de edad, mientras que para los JAM era de 4.5 años.

En consecuencia, la incorporación de niños y niñas indígenas migrantes en actividades remuneradas en los mercados de trabajo, implica que abandonen la escuela de su lugar de origen y vayan esporádicamente a la que existe en el lugar de destino, o definitivamente no asistan por no haber alternativas de estudio. Los datos que ofrece el INEE (2019) indican que aproximadamente ocho de cada 10 de estos niños y adolescentes nunca han asistido a la escuela o la abandonan para incorporarse al trabajo.

Entre los obstáculos que deben afrontar los niños indígenas migrantes para iniciar o continuar sus estudios, podemos contar los siguientes: su continua movilidad (migrantes golondrinos y pendulares), la presencia de trabajo infantil, grupos escolares multilingües y multiculturales, docentes poco capacitados, rechazo por llegar cuando el ciclo escolar ya ha iniciado, falta de documentos oficiales que certifique el último grado que estudió y la percepción que los niños y padres de familia tienen acerca de la escuela en los campos agrícolas (INEE, 2016; RNJJA, 2019a).

La educación que reciben los niños y las niñas en los campamentos agrícolas, aunado a la necesidad del trabajo junto a sus padres y los cambios territoriales que se suceden cada tres meses, son evidencia de que las políticas públicas de Estado son ineficaces. Lo que han fomentado entre los capataces y dueños de empresas agrícolas de exportación son escuelas con infraestructura precaria, material insuficiente, ausencia de docentes capacitados y profesionales sustituidos por promotores educativos, con deficiencias para implementar estrategias multigrado e interculturales, además de las instancias locales del gobierno que neutralizan el problema del trabajo infantil (Rojas, 2011).

La mayoría circundante en las ciudades ha promovido la naturalización de la exclusión y marginación, por lo cual es muy difícil enfrentar la pobreza, precariedad laboral y vulnerabilidad social. El círculo vicioso que vive este grupo social, difícilmente hallará solución frente al proyecto neoliberal en el agro mexicano y en materia educativa (Leal, 2011). Actualmente, los campos agrícolas en el noroeste de México han mejorado sus instalaciones para albergar a los migrantes sobre todo por orden de la autoridad, pero la necesidad de trabajo de las familias indígenas y la habilidad para las tareas del campo por un bajo costo siguen haciendo de la exportación de hortalizas un negocio redituable por el desempeño de las familias indígenas migrantes.

El nivel educativo para esta población es deficiente puesto que no se cumple con los horarios establecidos para la enseñanza y el poco cuidado de la infraestructura con la que se cuenta (aulas informales, aulas móviles y guarderías), no ayuda a mejorar la percepción que el niño tiene de la escuela, ubicada dentro del campo como una “escuela de mentirita” a diferencia de la escuela ubicada en la comunidad “ahí si se aprende, es de verdad”. Lo que limita a los niños migrantes una efectiva incorporación a las escuelas.

Aspectos de salud y seguridad en el trabajo de la niñez jornalera

En México existen cientos de niñas y niños sometidos a un trabajo que no les permite el acceso a una educación y salud de calidad, al entretenimiento u otras actividades propias de su edad, violando sus derechos más básicos. Muchos de estos niños están expuestos a formas de trabajo infantil muy riesgosas y a condiciones insalubres, soportando largas horas de trabajo que les ocasionan desgaste físico y, en algunos casos, sufren los efectos perjudiciales por el contacto que tienen con agroquímicos.

El proceso de migración expone al niño a diversos factores no propicios para el cuidado de su alimentación y seguridad, que pueden dar lugar a problemas de desnutrición, desencadenando mayor propensión a padecer enfermedades infecciosas en el niño y otros problemas físicos, mentales y sociales (Ortega, 2019). El deterioro de la salud de niñas y niños jornaleros a que se ven expuestos se relaciona con problemas como: enfermedades dermatológicas, respiratorias e intestinales, intoxicación, deshidratación, quemaduras, fracturas, cortadas, entre otros (Castañeda et al., 2016).

En el aspecto de salud, las familias, por su condición de migrantes pendulares no cuentan con seguro social; en algunos campos, existe la visita ocasional de un médico general por lo que, para atender algún padecimiento agudo, tenían que trasladarse a la localidad o ciudad más cercana.

Sobreviviendo en los campos agrícolas

En el noroeste de México el trabajo de los jornaleros indígenas migrantes se desarrolla en campos dedicados básicamente a la uva y como segundo producto al espárrago y la calabaza italiana; los salarios varían según el trabajo que requiere cada producto. El mínimo para el caso de la uva entre marzo y mayo va de 5 a 12 dólares por día; en la época de corte, el salario depende de las cajas realizadas por persona, lo que posibilita elevar el salario diario. En este sentido, las familias indígenas migrantes comparten la misma situación laboral y de salario que la mayoría de las veces es una suma de las cajas o el destajo de la familia completa.

En la época de corte, se contratan los miembros que cuenten con la capacidad física para trabajar. Los niños indígenas migrantes (de 10 años en adelante) son contratados como jornaleros, cuyos horarios laborales van de 6:00 a.m. a 4:00 o 6:00 p.m. Los salarios percibidos por la familia son destinados a la compra de alimentos y/o pago del servicio de comedor y al ahorro familiar para la compra o construcción en algún terreno, en el lugar de origen.

Sin embargo, dos o más salarios no son suficientes para subsistir en el campo o durante los meses en los que se retorna a la comunidad de origen. El 70% del salario semanal se utiliza para solventar los gastos en las “tienditas”, en los que los precios de los productos se triplican. Por la ubicación de los campos, las “tienditas” o abarrotes son los únicos lugares para abastecerse de los productos básicos, lo que ocasiona el abuso en el alza de los precios y convierte a estos negocios en un círculo vicioso, puesto que los dueños son los mismos administradores o mayordomos del campo. Esta situación provoca que la dieta alimentaria de las familias jornaleras sea limitada en calidad y cantidad, la cual se basa en un alto consumo de carbohidratos y pocos o nulos alimentos frescos y nutritivos (Arellano, Álvarez y Eroza, 2019).

La estancia de los trabajadores agrícolas se remite a los espacios laborales y de descanso (surcos, cuarto frío y galerones). La distribución de las galeras en los campos agrícolas está acorde al estado civil, sexo, grupo étnico o estado de procedencia de los trabajadores. Hay campos que contratan únicamente a personas con familia, o bien, a trabajadores que provengan de la misma comunidad o región con el fin de evitar enfrentamientos o disturbios. En el caso de confluir dos o más etnias, el campo acomoda a los jornaleros de acuerdo al grupo de pertenencia, lo que induce al divisionismo y a la falta de organización para defender sus derechos laborales ante la empresa.

Las galeras son espacios improvisados en los que se acomodan los trabajadores. Son indiscutibles las condiciones de hacimiento en las que viven y las restricciones que la empresa estipula para la permanencia y preservación del empleo. Al interior no se permite la cría de animales y en algunos de los casos no les es permitido cocinar. Sin embargo, el consumo de alcohol y enervantes como la marihuana es innegable los fines de semana. Los servicios básicos como luz, agua y drenaje los proporciona el campo. En la mayoría de los campos agrícolas existen letrinas y fosas sépticas para desechos, pero su condición precaria con solo la losa de concreto, sin lavabo o excusado provoca una situación insalubre y de riesgo sanitario (González, 2019).

En el aspecto religioso, las familias jornaleras profesan la religión católica. En su constante ir y venir acostumbran llevar durante el viaje a los “Diositos” por lo que es común ver dentro de las galeras altares improvisados.

Síntesis

La migración de los niños indígenas no parece beneficiar su proceso de desarrollo social y personal, y los cambios que acontecen en la dinámica familiar en los campos receptores aleja a los niños de sus tradiciones y rutinas y, adicionalmente, de la escuela. El proceso identitario del niño migrante se trastoca al identificarse con símbolos y sueños de una sociedad neoliberal que se aparta cada vez más de sus valores sobre la compasión, lealtad, comunidad y naturaleza (Vera, Robles y Lunez, 2010). 

La cosmovisión de la naturaleza como espacio abierto de donde emergen plantas y animales, nuestro sustento y nuestro destino, el agua como fuente de vida y de salvación, el aire, la lluvia y el fuego; modifican su esencia cuando el niño observa la tecnificación de los riegos, la domesticación del agua, las plantas producto ingeniado de la empresa, los frutos, sus colores y sabores resultado de la amalgama química que se reproduce en maquila de forma patentada y en serie; trastoca el ingenio nativo del niño indígena y cambia sus explicación de la realidad y de sus sueños por un mundo de derroche y destructor en donde la vida social tiene el objetivo de producir riqueza y no comunidad.

Durante tres lustros estuvimos asistiendo a los campos agrícolas. En el año 2019, estuvimos en las aulas, pabellones, letrinas y comedores conviviendo con niños indígenas migrantes, jugando, preguntando, soñando y estudiando las formas en las cuales se conforma como persona el niño que gusta de viajar y se lamenta de los amigos que deja en cada paraje, comparte sus experiencias y espera regresar a su comunidad donde se siente seguro y protegido.

Como se reportó en otro escrito (Vera, Lunez y Castillo, 2012), los dibujos de los migrantes comienzan a perder a través de los años –tres a cinco años– los canales de comunicación de la casa familiar a la de los abuelos, amigos y los paisajes integran maquinaria y construcciones modernas citadinas; es cuando se puede cuantificar la pérdida del sistema de rituales y mitos que se trasforman en las formas modernas de relación social a través de la apariencia y la simulación.

Hoy día, se observan escuelas con mejores infraestructura y mobiliario, profesores mejor pagados, pero sin la competencia académica para lidiar con niños indígenas migrantes en grupos multigrado (Rojas, 2019a). Los ciclos escolares continúan siguiendo la línea de maduración del producto y los docentes se integran a la cadena productiva, desde la recolección al empaque. Poco ha cambiado esta realidad desde el inicio del siglo, si bien la explotación del niño por parte de padres y empresarios se matiza con tintes de dignidad en las instalaciones; el niño sigue viajando junto a sus padres para multiplicar las ganancias y el empresario cuida su reputación cuidando que la escuela sea un lugar limpio y seguro y permitiendo la entrada con los padres a los surcos bajo protesta de que no trabajan, cuando es conocido que los niños trabajan por imitación y como acto de apego por sentirse útiles y recompensados por los afectos de los padres (Rojas, 2019b).

Durante lo que va del siglo han mejorado las condiciones físicas y legales para apoyar el desarrollo psicológico y social del niño indígena migrante y se le protege de la discriminación y la exclusión colocándole en sus propias escuelas, con sus maestros, lejos de las ciudades y manteniéndoles dentro del campo agrícola. Desde entonces se pensó en el diseño de un sistema de seguimiento educativo desde los lugares de origen y durante el recorrido, que pudiera ir señalando fortalezas y debilidades y promover una educación de calidad. Se soñó en un seguimiento nutricional y de salud y un monitoreo del desarrollo psicosocial para apoyar a la familia en los lugares de retorno y de pasaje en los procesos de lenguaje, cognición, motora fina y gruesa, sensorio motora y, a su vez, capacitar a docentes y facilitadores para enfrentar los retos clínicos de la depresión, estrés y ansiedad en los infantes y niños y promover la autoestima, identidad y plan de vida. Algo se ha logrado, hemos caminado, pero falta mucho para sentirse satisfechos con el día a día de los niños indígenas migrantes en los campos agrícolas.

References

Vera Noriega J et Durazo Salas F, (2020). La experiencia de los niños indígenas jornaleros agrícolas migrantes en el noroeste de México. Trayectorias Humanas Trascontinentales, 6. URL : http://dx.doi.org/10.25965/trahs.2458

Authors

José Ángel Vera Noriega
Doctor en Psicología Social por la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (Nivel 2) y la Academia Mexicana de Ciencias. Profesor Investigador Titular del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A.C. (Doctorado en Desarrollo Regional) y de la Universidad de Sonora (Doctorado en Innovación Educativa). Actualmente desarrolla proyectos de investigación con financiamiento nacional e internacional, público y privado fundamentalmente con poblaciones rurales e indígenas en los Estados del Noroeste Mexicano y centro oriente de Brasil, en aspectos relacionados con Salud y calidad de vida y socialización escolar.
Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo A.C.
Hermosillo, Sonora, México
https://orcid.org/0000-0003-2764-4431
avera@ciad.mx
Author's articles published in Trayectorias Humanas Trascontinentales
Francisco Fernando Durazo Salas
Licenciado en Psicología Industrial por la Universidad de Sonora, investigador asociado en consultora TECNOESTATA SC. Experiencia en investigación sobre adaptación psico-social de jornaleros agrícolas migrantes en el noroeste de México, equidad de género en instituciones de educación superior y del sector público, y de convivencia escolar en educación básica.
TECNOESTATA S.C.
Hermosillo, Sonora, México
durazof@gmail.com
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